Quiero volver a mi primer amor.
Claro el primer amor no se olvida, queda en “stand-by” hasta que se produce una fisura, a veces mínima o una grieta tan ancha e inconmensurable que surge omnipresente y potente como una ya vez lo había sido.
Estos días he estado hablando demasiado de la adolescencia, de la mía claro y ese rechazo por mi apariencia física, nada más feo ni más importante que mi nariz y mi pelo, me hacía sentir la persona más infeliz del mundo. Eran los años en los que me escondía en los libros, o me liberaba en los libros, no sé bien. Sólo sé que en esa época quería ser escritora, después apareció en mi vida Cortázar y para rematarlo, sus Instrucciones para Subir una Escalera, y ahí terminó mi sueño. Nunca podría escribir así y yo, que pensaba que tenía que ser number one, no estaba dispuesta a competir y perder contra ese señor. Me caí de la escalera, a pesar de las excelentes y claras explicaciones, me lastimé pero no me quebré nada. Había que elegir un amor con la cabeza y entendía yo en esa época, no había nada más racional que la matemática. No fue una mala elección, fue un amor metódico, organizado y esquemático, pocas sorpresas si no hubiera sido porque vivimos en Argentina, entonces las sorpresas más que sorpresas, fueron imprevistos, contratiempos. Está bien, le ponen sal a la vida, pero ahora aconsejan comer con poca sal por este asunto de la hipertensión y, cuando los años pasan, vamos ocupándonos de nuestra salud. Más todavía cuando pensamos que cada vez vivimos más años y cargamos con el mismo cuerpo, pero cada vez más pesado y arrugadito.
Ya estarán arrugadas y entumecidas también mis neuronas?
Para retomar este blog por hoy ya es más que suficiente
martes, 18 de agosto de 2009
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